domingo, 3 de mayo de 2015

Artículos de opinión


 

La vida en el mar se acaba

 

 

 

La mayoría de los seres humanos no sabemos mucho sobre los habitantes de los océanos, concretamente sobre los peces, sobre su conducta social o su sufrimiento a manos de su mayor depredador, el hombre. Esto tal vez se deba a que el mar no deja de ser para nosotros un medio "extraño", es decir un medio cuyo acceso nos está limitado. Por otra parte, el que los peces sean mudos contribuye a que nos dé la impresión de que no se quejan, es decir que no sufren.

 

Sin embargo el ser humano les ocasiona un daño enorme debido a la cría en piscifactorías, a las artes de pesca cada vez más agresivas, a la contaminación de los mares y del medio ambiente y al calentamiento de los océanos. En un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), se puede leer que un tercio de todos los caladeros de pesca del mundo están agotados. Lo que se contradice con el hecho de que el consumo de pescado ha aumentado en todo el mundo, alcanzando cifras récord. En el año 2009 cada adulto consumió mundialmente más de 17 kilos de pescado, con una producción anual de 145 millones de toneladas.

 

Debido a los incontables efectos que provocan la pesca, la contaminación y el calentamiento de los mares, la biodiversidad se ha visto considerablemente afectada, y de forma dramática. Por ejemplo se sabe que 30 especies de tiburones están en peligro de extinción, porque en Asia sus aletas son consideradas como un manjar que se consumen como una delicia. Además también se teme por el futuro de otros animales marinos como las caballas, el bacalao o el atún rojo entre otras especies, cuya población ha disminuido considerablemente.

 

Si a comienzos del siglo XX alguien hubiese dicho que los océanos eran susceptibles de ser esquilmados, se le habría tomado por loco. Incluso en los años 50, cuando debido a la 2ª guerra mundial la industria pesquera sufrió un parón forzoso, se hablaba aún de reservas ilimitadas, y los océanos se consideraban como una fuente inagotable que solucionaría los problemas de alimentación de una población mundial en crecimiento. Pero en los decenios pasados, la tecnología no solo se desarrolló en tierra firme, sino también en los mares.

 

Hoy existen flotas pesqueras cada vez más grandes. Los barcos son cada vez más descomunales con motores cada vez más poderosos y tecnología más sofisticada, lo que supone que puedan lanzarse redes gigantescas con las que vaciar los mares. Por ejemplo con la pesca de arrastre no sólo se capturan los animales deseados, sino muchos otros que no se querían pescar, con lo que son devueltos al mar ya muertos o gravemente heridos. El Mar del Norte es prácticamente labrado 3 veces al año, con lo que también las praderas de algas y los corales son dañados irremediablemente, con un perjuicio para la vida marina de difícil cuantificación, ya que tanto los campos de algas como los corales son los jardines de infancia de los alevines de la vida marina. Con esto el futuro que se pronostica para los mares y océanos lamentablemente es poco esperanzador.

 

 

Ana Sáez Ramirez (45.271.959 R)

Del programa: "Mar sin peces"

www.radio-santec.com

 

 

 

¿Qué hacer sí me proyecto en los demás?

 

 

Cuando alguien vive continuamente en la ley de la proyección, vive atrapado sin poder evolucionar ni crecer, no puede reconocerse a sí mismo porque simplemente reprocha al otro lo que debería decirse a sí mismo. Peleas, conflictos y reproches le acompañan constantemente haciéndole la vida difícil, haciéndole incluso enfermar.

 

Muchos se preguntan cuál es el paso a dar una vez reconocido que me proyecto en los demás. Pues bien, después de haber arremetido contra alguien descargando mi propia tensión o agresividad no es otro que el arrepentimiento. Sí me doy cuenta que he arremetido contra mi prójimo, me puedo decir: "Lo tenía que haber dicho de otro modo. Lo podría haber dicho con más tranquilidad. Debería haber mirado más detenidamente qué hay de fondo y haberlo purificado". Después ha de venir el pedir perdón a la persona afectada, y proponerme actuar de otro modo dominando mejor mi vida para no volver a caer en un comportamiento parecido, ser más conciliador.

 

La clave no es decirme a mí mismo: "la próxima vez lo haré mejor", la clave reside en auto-cuestionarme con la pregunta "por qué". ¿Por qué me he alterado tanto?, ¿Por qué no he sido capaz de escuchar esa vocecita que me avisa que estoy perdiendo las formas?. Si nos preguntamos a nosotros mismos el "por qué" en la conciencia de que en el interior podemos encontrar la ayuda, es decir el hilo que me ayude a seguir la pista de mí mismo, siempre encontraremos respuesta.

 

 

Teresa Antequera Cerverón (73891412-W)

   www.randio-santec.com

 

 

 


viernes, 1 de mayo de 2015

Artículo especial día de la madre


 

María ¿madre de Dios?

 

 

La típica imagen de la virgen María con el niño en el regazo no es exclusiva del catolicismo, es decir, dicha imagen es exactamente igual a la usada anteriormente en el antiguo Egipto para representar a la diosa Isis con su hijo Horus nacido de una virgen o también a la diosa babilónica Semiramis con su hijo Tamuz, nacido también de una virgen, y en otro continente a la diosa hindú Devaki con su hijo Krishna. Y aunque a priori esto pueda sorprender a quien no sea avezado en historia, ciertamente los paralelismos indican claramente que el culto a la madre de dios, fue copiado de los cultos a las diosas-madre de las religiones paganas.

 

Una simple mirada a la historia de la iglesia muestra cómo se llegó a esto: en Éfeso existía el culto a Diana, que también era conocida como la madre de Dios. En el año 431 cuando el catolicismo se extendía más y más, en plena celebración del concilio de Éfeso, una muchedumbre fanática recorrió las calles exigiendo que la iglesia asumiese su antiguo culto a Diana. Los miembros católicos reunidos y apremiados por la muchedumbre solventaron el asunto colocando a María en el lugar de la aclamada Diana, declarando a María como la madre de Dios. Asunto resuelto.

 

Pero ¿no suscita este confuso concepto de «madre de Dios», la idea de que María se encuentra por encima de Dios? ¿Cómo puede la madre de Jesús ser también la madre de Dios? Lo que para cualquier persona moderna que además piense libremente esto es lógico, sin embargo no pareció serlo para el antiguo Papa Josef Ratzinger quien en 2007 declaró: «Dios tiene una madre, y en ella reconocemos la maternal bondad de Dios y Su ternura. Por eso es un gran regalo para el catolicismo cuidar y vivir ese alegre amor a la madre de Dios, a María.»

 

En una carta dirigida a los obispos españoles en 2005 Ratzinger escribía: "Ella nos ayuda como abogada en nuestros apuros e intercede por nosotros ante su hijo". Pero Jesús de Nazaret no enseñó nada al respecto, El nos mostró a un padre amoroso al que toda persona se puede dirigir y para el que no se necesitan intercesores. Y a María tampoco la necesitamos como abogada, porque Dios ni condena ni juzga. Es cada persona quien crea su propio juicio interno según la ley de Causa y efecto. Jesús también nos habló de la siembra y cosecha. También que si reconocemos que hemos obrado contra las leyes de Dios o contra nuestro prójimo, nos arrepentimos, pedimos perdón y reparamos el daño causado, la cosecha con toda seguridad no será la que tendría que haber sido. Cuando Jesús decía "Tus pecados te son perdonados. Ve y no peques más", estaba mostrando cual era el origen de nuestros males y al mismo tiempo el camino de salida.

 

 

José Vicente Cobo (45277997j)

www.erde-und-mensch.org