domingo, 8 de abril de 2018

Artículos de opinión


 

¿Por qué tenemos tan poca comunicación con los animales?

 

 

 

 

No deberíamos olvidar que los animales tienen un instinto muy sensible, una capacidad de percepción muy sensibilizada; ellos olfatean nuestra aura. Por lo tanto si decimos: "Me dirijo a los animales con amor", entonces nos tenemos que preguntar si está nuestra aura como para que el animal pueda percibir la denominada "imagen de olfateo" correspondiente. Si por ejemplo con nuestros semejantes somos desvergonzados, malévolos y envidiosos, eso es un olor determinado. Esto lo perciben los animales y huyen de nosotros, aunque digamos: "Si, si, nos tenemos que dirigir a los animales con amor".

 

Deberíamos preguntarnos por qué tenemos tan poca comunicación con nuestros hermanos pequeños, los animales y las plantas. ¿Qué es lo que hay entre ese gran ser espiritual en nosotros y nuestra calidad como ser humano? ¿Qué se interpone entre ambos? ¿Queremos continuar así o queremos desarrollar de una vez por todas la gran Comunicación universal, indagando en nuestro ego pequeño y netamente humano, en nuestra sabiondez?

 

¡En nosotros lo tenemos todo! Hagámonos la pregunta de por qué hoy en día a los animales se les tortura, se les maltrata, se les mata por cientos de miles, se les asesina y luego se les quema de esa manera. ¿Por qué? Porque el ser humano es un camarada brutal y cruel al que ya no se le puede calificar de ser humano. Es un ser cruel y perverso que solo tortura, que solo maltrata, que solo destruye. ¿Estamos contentos con esto?

 

No podemos decir que así son los otros. Es preciso que digamos que tenemos que lograr un mundo mejor. Tenemos que ayudar a la Tierra. Y eso solo lo podremos hacer cuando indaguemos en nuestros aspectos humanos pecaminosos y los eliminemos.

 

Nuestros hermanos pequeños nos necesitan. Si vamos por el bosque, pensemos que los animales son nuestros hermanos pequeños, los árboles son nuestros hermanos pequeños. Si vamos al jardín pensemos en fomentar la comunicación con la naturaleza, con los animales, con los minerales. Y no olvidemos en la noche, cuando brillan las estrellas, que también en ellas está la fuerza del Espíritu de Dios y con ello también la fuerza en lo profundo de nuestro cuerpo anímico. También los planetas, todas las fuerzas puras de los planetas están en el cuerpo espiritual. O sea que ya no tenemos que pensar tanto sobre nosotros. ¡En todas partes está la vida!

 

 

José Vicente Cobo (45277997j)

De la publicación: "Palabra de oro de la sabiduría de Dios"

www.editorialgabriele.com

 

El ser humano no es un producto del azar

 

 

Para el afamado científico Hans Peter Dürr lo inmaterial no es lo contrario de lo material, pues tal como él mismo afirma, todo es la respiración de Dios. Dürr describe la formación de lo material diciendo que partes de esa respiración se van volviendo rígidas formando así lo inerte. Sin embargo lo esencial es siempre aquello que se denomina "respiración". Esta respiración de Dios de la que habla Dürr nos lleva ineludiblemente a la conclusión de que ha de haber una realidad en forma de Espíritu Universal a la que podemos también llamar Dios. Por sorprendente que nos parezca, los científicos han encontrado a Dios. Dürr dice: "Somos justamente un mar que por sí mismo no es material; sobre él se acumula prácticamente la materia; Esto significa que la materia es como la escoria del Espíritu".

 

Para muchos profanos en la materia, también para muchos incrédulos, ateos, incluso agnósticos, en definitiva para cada persona, los concluyentes descubrimientos de Dürr deberían hacernos reflexionar: Pues ya no somos productos del azar o de la casualidad, y tampoco existe un Dios lejano en un lugar concreto del cielo sino que ese gran Espíritu es la fuerza espiritual que lo traspasa todo. El conocido Nóbel de física Max Planck ya habló de una fuerza tal que pone en vibración todas las partículas atómicas y las mantiene unidas. La existencia de un ser espiritual muy elevado era para él una conclusión de sus investigaciones y el resultado de las mismas.

 

Mª José Navarro (24764815W)

Del programa: "La profecía y las ciencias naturales"

www.radio-santec.com

 

 

domingo, 1 de abril de 2018

Artículo de opinión


Dios está siempre presente. No podemos huir de Él

Sin la relación con Dios no podremos cultivar ninguna auténtica hermandad, ninguna comunidad verdadera con otras personas. Donde falta la relación con Dios siempre hay disputas, porque cada cual desea ser el más grande.

Primero deberíamos esforzarnos por tanto en alcanzar la relación con Dios. Cuando hayamos despertado a la felicidad interna, también llegaremos a una auténtica comunidad con personas afines. Naturalmente que deberíamos cultivar la relación con nuestros hermanos y hermanas, pero el primer paso siempre es la relación con Dios, porque solo entonces existe entre las personas afines la orientación que une internamente, y por consiguiente la comunicación correcta. Ir con Dios a través de nuestros días significa estar orientados a Él dondequiera que estemos, hagamos lo que hagamos. Si conseguimos incluir a Dios en el trabajo, nos resultará fácil llevar esto a cabo.

Deberíamos acostumbrarnos a incorporar al Espíritu del Cristo de Dios en nuestra vida consciente, y a mantener la comunicación con Él, dirigiéndonos a nuestro interior más profundo en agradecimiento por la orientación, en agradecimiento porque nos va bien. Si la consciencia del agradecimiento se ha vuelto viva en nosotros, cuando se haga inminente una situación crítica llamaremos a tiempo a Cristo en nosotros y Le pediremos ayuda. ¡Él no se hace esperar!

El que ve en profundidad, el que ama a Dios, vive en la consciencia del agradecimiento. Si nuestro amor a Dios todavía no es tan grande ni tan constante, el agradecimiento nos ayuda a afianzarnos en la orientación a Él y a arraigarnos en la consciencia de la filiación de Dios. Cuando nos demos cuenta de que en un momento determinado estamos lejos de Dios, debido a nuestros pensamientos humanos pecaminosos, no nos apartemos por completo de Él. Hagámonos esto presente: nuestro Padre eterno sigue estando de nuestra parte. Él está presente para nosotros, ¡Él nos ayuda a volver a salir de nuestros aspectos humanos negativos! Si logramos acopiar la grandeza para agradecer a Dios por mostrarnos en qué puntos reside nuestra parte humana, en nosotros despierta el valor y la fuerza para afrontar con Cristo lo netamente humano y purificarlo.

Si solo miramos hacia nuestra ley personal hacia nuestro problema, y hablamos mucho sobre ello, no activamos la fuerza interna, la fuerza de Dios. Dios está siempre presente. En cuanto Le pedimos o Le damos las gracias de corazón por haber reconocido un aspecto negativo que deseamos purificar con Él, con Su ayuda, estamos dirigiéndonos también a lo divino en nuestro problema. Con ello establecemos una comunicación con lo divino en el problema. Lo divino se vuelve de este modo incrementadamente activo y nos muestra los caminos para que podamos solucionar el problema o la dificultad. El agradecimiento contiene la afirmación de lo divino en todo, y hace que lo positivo se despierte, se incremente y se afiance.

Retiremos una y otra vez nuestro yo y afirmemos en todo la presencia de Dios, y pidámosle ayuda, entonces Él nos dará apoyo si queremos cumplir seriamente Sus leyes. Dios está siempre ahí. No podemos huir de Él: Él está en nosotros. Él está en cada situación, en cada palabra, en cada gesto, en cada movimiento, en cada paso. Dios es siempre lo positivo, siempre lo bueno. Él desea permanentemente lo mejor para nosotros. Si somos conscientes de que Dios desea siempre lo mejor para nosotros, también nos confiaremos cada vez más a Él. Le pediremos ayuda, consejo y apoyo. Él cumple a Su hijo la petición legítima. Y esto quiere decir: si queremos cumplir Sus leyes, podemos estar seguros de que Él nos conducirá; Él nos ayuda; Él nos servirá.

 

Teresa Antequera Cerverón (73891412-W)

De la publicación: "Las grandes enseñanzas cósmicas de Jesús de Nazaret"

                                                                                                                                                                          www.editorialgabriele.com