domingo, 13 de mayo de 2018

Artículos de opinión


 

¿Por qué nos cuesta tanto creer que somos inmortales?

Lo bueno que hagamos aquí en la Tierra será el fruto de nuestra vida, es lo que hemos conseguido en la existencia terrenal, estos son también los bienes que lleva nuestra alma en su equipaje de viaje. La condición es sin embargo que hagamos el bien desinteresadamente y no tengamos ninguna actitud de espera. No debemos esperar ningún elogio ni agradecimiento.

Tenemos que darnos cuenta que mediante la muerte no nos volvemos sabios y que nuestros vicios no se transforman en virtudes, del mismo modo que viajando a un país extranjero tampoco cambian de un día a otro nuestras características, costumbres o inclinaciones, o no nos convertimos en escultores por contemplar una escultura, ni en médicos por observar una clínica.

Quien no ha abierto en sí el Hogar interno, el Reino de Dios, a través de una vida pura, se encontrará como alma en un país extraño y no se sentirá a gusto allí. Sin embargo quien ya como ser humano ha desarrollado el Hogar interno, irá conscientemente como alma a los reinos más allá del mundo de materia densa. Él se encontrará allí en casa pues durante los viajes del alma, es decir de la noche, cuando el cuerpo duerme y el alma deja su morada, ya ha estado de visita allí y ha conocido las condiciones del lugar. Tal como el alma ha vivido en la Tierra, y qué patrimonio espiritual ha ganado, obrará también en el Más allá.

Por ello tiene validez lo siguiente: no es el conocimiento el que nos hace avanzar, sino solo la realización nos conduce a la evolución espiritual-divina, a la iluminación interior y a la transformación de nuestra alma. Nuestra vida terrenal es un campo para la vida en el Más allá. Lo que hemos sembrado aquí en nuestro campo es solo lo que cosecharemos. Por ello tenemos que derribar los muros de nuestro yo humano y la cárcel de nuestra naturaleza animal y liberar a nuestra alma de sus cadenas, para que alcancemos el reconocimiento de nuestra inmortalidad y de nuestro verdadero hogar. Quien no lleva a cabo la resurrección espiritual, permanece entre los muertos espirituales. Él sigue ciertamente viviendo, pero sin estar vivo.

 

Teresa Antequera Cerverón (73891412-W)

De la publicación: "Con Dios es Más fácil vivir"

www.editorialgabriele.com

 

 

¿A qué velocidad muelen los Molinos de Dios?

Las adicciones y la codicia aumentan y degeneran en brutalidad y violencia. Se abusa y viola sin escrúpulos, se apoyan guerras y no se tiene reparos en matar para confiscar bienes, ni en mentir para obtener una posición de poder. Y como «los molinos de Dios muelen muy despacio», se piensa que las fechorías pasarán de largo sin consecuencias.

Si observamos nuestro mundo comprobaremos la verdadera condición humana y cómo somos: predominan la mentira, el robo y el engaño. Las festividades degeneran hasta convertirse en bacanales y comilonas; los vicios son adicciones que desembocan en excesos prácticamente insuperables como alcoholismo, juego, drogas, nicotina, bulimia, adicción a Internet, deseos de discutir, adicción al sexo, pasión por la caza, sed de venganza, explotación de personas, afán de poder, avidez de dinero y codicia, llegando hasta el matar por el placer de asesinar a personas y animales.

Pero al ser humano apenas le es consciente que los contenidos de nuestro sentir, pensar, hablar y obrar, es decir la totalidad de los contenidos de nuestro comportamiento se introduce en la estructura celular de nuestro cuerpo y en la estructura del alma, con ello todo queda registrado y por todo tendremos que dar cuentas. También lo bueno que emitimos recae sobre nosotros nuevamente, se trata de la ley de acción y reacción. La ley de Causa y efecto asigna a cada cual su parte de culpa de forma precisa y justa, pues la balanza de la justicia de Dios lo pesa todo con exactitud.

 

José Vicente Cobo (45277997j)

Del programa: "Palabras de libertad"

www.radio-santec.com


domingo, 6 de mayo de 2018

Artículos de opinión



 


¿De qué se alimenta la decadente sociedad actual?


 


Nuestra sociedad actual está marcada por un tiempo rudo y brutal, un tiempo en que se lucha a codazos, un tiempo en el que todos están contra todos, un tiempo de intolerancia, de exigencias y de poder, un tiempo en el que los fraudes, la mentira y el engaño determinan los días. Incontables personas pasan horas y horas ante la pantalla del televisor, navegando en Internet y con juegos de ordenador en busca de una aparente compensación para el sentimiento desolador de estos días.


En muchos casos el mundo de los niños ya no es el acogedor hogar familiar, donde el joven se arraiga para bastecerse luego, como joven y adulto, del manantial de la familia. Cada vez se da menos la felicidad familiar de sentirse seguro y acogido en la familia. En pocos casos existen ya los juegos en común, que en el pasado daban a padres e hijos un sentimiento de estar unidos por la familia. Apenas se habla ya acerca de la conducta correcta ni de la moral que proporcionan una cierta calidad de vida. Con ello se le podrían transmitir al adolescente valores para en verdad vivir como persona joven, en vez de vegetar como hoy día es usual en muchos jóvenes. Algunos de ellos nunca han oído hablar de principios como conducta correcta, modales, ética y moral. Antes en el hogar familiar había conversaciones entre padres e hijos. Se tenía tiempo para escuchar a los pequeños y para explicar a los más mayores que ante todo los valores elevados enriquecen la vida y la hacen valiosa. Hoy en día se mantienen pocas conversaciones en las que los niños pueden hablar de sus asuntos personales, sin temer una reprimenda por haberse portado mal.


En general hay señales de que habrá pobreza puesto que a la larga esta sociedad despilfarradora no puede subsistir. Hoy en día ya se ha llegado al punto en que cada vez más familias tienen que reducir los gastos. Muchas personas ya no pueden permitirse la gran cantidad de productos que el mercado ofrece. Más de uno que hasta la fecha cobraba un suelo pero que ahora está sin trabajo tiene que contemplar cómo los millonarios de la sociedad sofistican cada vez más su estilo de vida. Eso sucede por último a costa de las familias, o de las madres que viven solas, que se mueven en el límite de la pobreza, por no mencionar a las innumerables personas que pasan hambre en el Tercer Mundo.


El hecho de que de ello vaya surgiendo agresividad, con las correspondientes y múltiples repercusiones en las familias y en las escuelas, es algo que ya no se puede ignorar. En el Tercer Mundo y también en los denominados países del bienestar, se perfila un colapso cada vez mayor. Este no solo se expresa en el hambre mundial, en relación a los alimentos, sino que esta decadencia también se muestra en el modo de vida más vulgar que el individuo ha adoptado y sigue adoptando con la televisión, Internet, juegos de PC y otras muchas cosas.


 


José Vicente Cobo (45277997j)


De la publicación: "Déjate guiar"


www.editorialgabriele.com


 


¿Qué me tendrá reservado el destino?


El hombre puramente intelectual y racional no posee la inteligencia, la fuerza de la conciencia despertada. En el todavía está oculta en su mayor parte la inteligencia divina, el Logos que sabe de todas las cosas, que eleva al hombre a la sabiduría verdadera y a la ética y moral elevadas, a la vida desinteresada.


En esta vida a unos les afecta el destino, que es la causa que hasta ahora estaba latente y que se ha hecho efectiva. Otros sin embargo caminan aparentemente por la vida terrenal sin preocupación, sin que les afecten las causas que quizás todavía yacen en sus almas. Esto hace que un hombre a pesar de su alma ensombrecida pueda poseer en esta vida todo lo que desee, pueda satisfacer todas sus apetencias y sea de la opinión, por tanto, que los buenos espíritus están de su lado, lo que no significa que sea así a pesar de que su vida terrenal todavía no demuestre ninguna carga.


Un hombre que por el momento no reconoce los efectos de las causas que todavía descansan latentes en su alma, puede a pesar de ello trasformar su vida terrenal de forma provechosa para el desarrollo de su alma, sí vive y actúa según el mandamiento del amor desinteresado. Lo bueno que realice y cumpla se reflejará como luz en su alma y podrá iluminar muchos ensombrecimientos que yacen todavía en lo profundo de la misma; incluso podrá disolverlos parcial o totalmente. Este hombre ya no tendrá que sobrellevar ni sentir todos los efectos que surjan

 


Teresa Antequera Cerverón (73891412-W)


                De la Publicación: "Lo qué comes y cómo comes muestra quien eres"


www.editorialgabriele.com